JULIO CORTÁZAR, RAYUELA CAPITULO 138 Y CITAS ILUSTRADAS
RAYUELA CAPITULO 138
A la Maga y a mí nos ocurre a veces
profanar nuestros recuerdos. Depende de tan poco, el malhumor de una
tarde, la angustia de lo que puede ocurrir si empezamos a mirarnos en
los ojos. Poco a poco, al azar de un diálogo que es como un trapo en
jirones, empezamos a acordarnos. Dos mundos distantes, ajenos, casi
siempre inconciliables, entran en nuestras palabras, y como de común
acuerdo nace la burla. Suelo empezar yo, acordándome con desprecio de mi
antiguo culto ciego a los amigos, de lealtades mal entendidas y peor
pagadas, de estandartes llevados con una humilde obstinación a las
ferias políticas, a las palestras intelectuales, a los amores
fervorosos. Me río de una honradez sospechosa qe tantas veces sirvió
para la desgracia propia o ajena, mientras por debajo las traiciones y
las deshonestidades tejían sus telas de araña sin que pudiera impedirlo,
simplemente consintiendo que otros, delante de mí, fueran traidores o
deshonestos sin que yo hiciera nada por impedirlo, doblemente culpable.
Me burlo de mis tíos de acrisolada decencia, metidos en la mierda hasta
el pescuezo donde todavía brilla el cuello duro inmaculado. Se caerían
de espaldas si supieran que están nadando en plena bosta, convencidos el
uno en Tucumán, y el otro en Nueve de Julio de que son un dechado de
argentinidad acrisolada (son las palabras que usan). Y sin embargo tengo
buenos recuerdos de ellos. Y sin embargo pisoteo esos recuerdos en los
días en que la Maga y yo tenemos la mufa de París y queremos hacernos
daño.
Cuando la Maga deja de reírse para preguntarme por qué digo
esas cosas de mis dos tíos, me gustaría que estuvieran allí, escuchando
detrás de la puerta como el viejo del quinto piso. Preparo con cuidado
la explicación, porque no quiero ser injusto ni exagerado. Quiero
también que le sirva para algo a la Maga, que jamás ha sido capaz de
entender las cuestiones morales (como Etienne, pero de una manera menos
egoísta; simplemente porque sólo cree en la responsabilidad en presente,
en el momento mismo en que hay que ser bueno, o noble; en el fondo, por
razones tan hedónicas y egoístas como las de Etienne).
Entonces le
explico que mis dos honradísimos tíos son dos argentinos perfectos como
se entendía en 1915, época cenital de sus vidas entre agropecuarias y
oficinescas. Cuando se habla de esos "criollos de otros tiempos", se
habla de antisemitas, de xenófobos, de burgueses arraigados a una
nostalgia de la estanzuela con chinitas cebando mate por diez pesos
mensuales, con sentimientos patrios del más puro azul y blanco, gran
respeto por todo lo militar y expedición al desierto, con camisas de
plancha por docenas aunque no alcance el sueldo para pagarle a fin de
mes a ese ser abyecto que toda la familia llama "el ruso" y a quien se
trata a gritos, amenazas, y en el mejor de los casos con frases de
perdonavidas. Cuando la Maga empieza a compartir esta visión (de lo que
personalmente no ha tenido jamás la menor idea) me apresuro a
demostrarle que dentro de ese cuadro general mis dos tíos y sus
respectivas familias son gentes llenas de excelentes cualidades.
Abnegados padres e hijos, ciudadanos que concurren a los comicios y leen
los diarios más ponderados, funcionarios diligentes y muy queridos por
sus jefes y compañeros, gente capaz de velar noches enteras al lado de
un enfermo, o hacer una gauchada a cualquiera. La Maga me mira perpleja,
temiendo que me burle de ella. Tengo que insistir, explicarle porque
quiero tanto a mis tíos, por qué sólo a veces, cuando estamos hartos de
las calles o del tiempo, me ocurre sacarles los trapos a la sombra y
pisotear los recuerdos que todavía me quedan de ellos. Entonces la Maga
se anima un poco y empieza a hablarme mal de su madre, a la que quiere y
detesta en proporciones dependientes del momento. A veces me aterra
cómo puede volver a referirse a un episodio de infancia que otras veces
me ha contado riéndose como si fuera muy gracioso, y que de golpe es un
nudo siniestro, una especie de pantano de sanguijuelas y garrapatas que
se persiguen y se chupan. En esos momentos la cara de la Maga se parece a
la de un zorro, se le afinan las aletas de la nariz, palidece, habla
entrecortadamente, retorciéndose las manos y jadeando, y como de un
globo de chewing-gum enorme y obsceno empieza a asomar la cara fofa de
la madre, el cuerpo mal vestido de la madre, la calle suburbana donde la
madre se a quedado como una escupidera vieja en un baldío, la miseria
donde la madre es una mano que pasa un trapo grasiento por las
cacerolas. Lo malo es que la Maga no puede seguir mucho rato, en seguida
se larga a llorar, esconde la cara contra mí, se acongoja a un punto
increíble, hay que preparar té, olvidarse de todo, irse por ahí o hacer
el amor, sin los tíos ni la madre hacer el amor, casi siempre eso o
dormir, pero casi siempre eso.
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Citas célebres de Júlio Cortázar
- Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo.
- Sólo viviendo absurdamente se podría romper alguna vez este absurdo infinito.
- Creo que todos tenemos un poco de esa bella locura que nos mantiene andando cuando todo alrededor es tan insanamente cuerdo.
- Mi maligna manera de entender el mundo me ayudaba a reírme por lo bajo…
- La explicación es un error bien vestido.
- Pero lo malo del sueño no es el sueño. Lo malo es eso que llaman despertarse…
- Fui una letra de tango para tu indiferente melodía.
- ¿Por qué no aceptar lo que estaba ocurriendo sin pretender explicarlo, sin sentar las nociones del orden y de desorden?
- No puede ser que estemos aquí para no poder ser.
- Hay ausencias que representan un verdadero triunfo.
- Probablemente
de todos nuestros sentimientos el único que no es verdaderamente
nuestro es la esperanza. La esperanza le pertenece a la vida, es la vida
misma defendiéndose.
- Si caes te levanto y si no me acuesto contigo.
- Sintió una especie de ternura rencorosa, algo tan contradictorio que debía ser la verdad misma.
- Cada vez sospecho más que estar de acuerdo es la peor de las ilusiones.
- Los rasgos antropomórficos de un mono revelan, al revés de lo que cree la mayoría, la distancia que va de ellos a nosotros.
- No
hay como compartir una almohada, eso aclara completamente las ideas; a
veces hasta acaba con ellas, lo cual es una tranquilidad.
- Detrás
de este triste espectáculo de palabras, tiembla indeciblemente la
esperanza de que me leas, de que no haya muerto del todo en tu memoria…
- Mi
interés se tornó bien pronto analítico. Cansado de maravillarme quise
saber; he ahí el invariable y funesto fin de toda aventura.
- Lo
único cierto era el peso en la boca del estómago la sospecha física de
que algo no andaba bien, de que casi nunca había andado bien.
- No sé hablar de la felicidad, pero eso no quiere decir que no la haya tenido.
- En literatura no hay buenos temas y malos temas: solamente hay un buen o un mal tratamiento del tema.
- La cosidad, ese desagradable sentimiento de que allí donde termina nuestra presunción, empieza nuestro castigo.
- Todo lo que de vos quisiera es tan poco en el fondo porque en el fondo es todo.
- Siempre fuiste mi espejo, quiero decir que para verme tenía que mirarte.
- Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.
- Me daba asco pensar así, una vez más estar pensando todo lo que a los otros les bastaba sentir.
- Ya
para entonces me había dado cuenta de que buscar era mi signo, emblema
de los que salen de noche sin propósito fijo, razón de los matadores de
brújulas…
- Total parcial: te quiero. Total general: te amo.
- Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.
- Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.
- Lo
que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con
ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en
el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja
estaqueado en la mitad del patio.
- Mira, sólo hay un medio para matar los monstruos; aceptarlos.
- Me basta mirarte para saber que con vos me voy a empapar el alma.
- Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo.
- Y
debo decir que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido.
Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría.
- Y mirá que apenas nos conocíamos y ya la vida urdía lo necesario para desencontrarnos minuciosamente.
- Lo
que me gusta de tu cuerpo es el sexo. Lo que me gusta de tu sexo es la
boca. Lo que me gusta de tu boca es la lengua. Lo que me gusta de tu
lengua es la palabra.
- Por eso no seremos nunca la pareja perfecta,
la tarjeta postal, si no somos capaces de aceptar que sólo en la
aritmética el dos nace del uno más el uno.
- Como no sabías disimular me di cuenta enseguida de que para verte como yo quería era necesario empezar por cerrar los ojos.
- Regalos
insignificantes como un beso en un momento inesperado o un papel
escrito a las apuradas. Pueden ser valorados más que una joya.
- Le encantaban los líos inverosímiles en que andaba metida siempre por causa del fracaso de las leyes en su vida.
- ¿Quién está dispuesto a desplazarse, a desaforarse, a descentrarse, a descubrirse?
- La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos.
- No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi.
- Vení a dormir conmigo: no haremos el amor, él nos hará.
- Por mi parte ya me había acostumbrado a que me pasaran cosas modestamente excepcionales…
- Cómo podía yo sospechar que aquello que parecía tan mentira era verdadero…
- En
algún lugar debe haber un basural donde están amontonadas las
explicaciones. Una sola cosa inquieta en este justo panorama: lo que
pueda ocurrir el día en que alguien consiga explicar también el basural.
- ¿Qué quieres? El amor pide calle, pide viento, no sabe morir en la soledad.
- La
gente se cree amiga porque coincide algunas horas por semana en un
sofá, una película, a veces una cama, o porque le toca hacer el mismo
trabajo en la oficina.
- Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma.
- ¡Música! Melancólico alimento para los que vivimos de amor.
- Cuando llovía me entraba el agua hasta el alma.
- Creo
que no te quiero, que solamente quiero la imposibilidad tan obvia de
quererte. Como el guante izquierdo enamorado de la mano derecha.
- No te voy a cansar con más poemas. Digamos que te dije nubes, tijeras, barriletes, lápices, y acaso alguna vez sonreíste.
- Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha, al mismo tiempo, fue el no aceptar las cosas como me eran dadas.
- Pobre amor el que de pensamiento se alimenta.
- No
estábamos enamorados, hacíamos el amor con un virtuosismo desapegado y
crítico, pero después caíamos en silencios terribles y la espuma de los
vasos de cerveza se iba poniendo como estopa, se entibiaba y contraía
mientras nos mirábamos y sentíamos que eso era el tiempo…
- En realidad las cosas verdaderamente difíciles son todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento.
- Hacés demasiado caso de unas pocas metáforas.
- Nunca renuncio a nada. Sólo hago lo que esté en mi alcance para que las cosas renuncien a mí.
- Y así es cómo los que nos iluminan son los ciegos.
- Nos queríamos en una dialéctica de imán y limadura, de ataque y defensa, de pelota y pared.
- Hay
ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el
aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para
levantarse mejor con el impulso. Yo describo y defino y deseo esos ríos,
ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente,
ella los nada.
- Y diré las palabras que se dicen, y comeré las
cosas que se comen, y soñaré las cosas que se sueñan, y sé muy bien que
no estarás.
- Pasé mi infancia en una bruma de duendes, de elfos, con un sentido del espacio y del tiempo diferente al de los demás.
- Y
si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y
terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es
bella.
- Demasiado tarde, siempre, porque aunque hiciéramos tantas
veces el amor la felicidad tenía que ser otra cosa, algo quizá más
triste que esta paz y este placer, un aire como de unicornio o isla, una
caída interminable en la inmovilidad.
- Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.
Hasta lo inesperado acaba en costumbre cuando se ha aprendido a soportar.
No es que haya que vivir, puesto que la vida nos es fatalmente dada… la vida se vive a sí misma, nos guste o no.
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CONFUCIO
La sabiduría se preocupa de ser lenta en sus discursos y diligente en sus acciones.
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De mis manos brotarán
amapolas rojas como la sangre.
Así, quizás mi poesía sea eterna.
MI POESÍA SOY YO
FANNY JEM WONG M
LIMA - PERÚ