Zhuangzi

El perro no sabe que está en el establo. El cerdo no sabe que está en el corral. Por lo tanto, aquellos que no saben que son esclavos, son realmente libres. Zhuangzi

viernes, 19 de septiembre de 2014

DATOS SOBRE PSICOLOGÍA

DATOS SOBRE PSICOLOGÍA



DATOS SOBRE PSICOLOGÍA

Etapas psicosexuales de Freud: desarrollo de la sexualidad

Freud aborda la evolución de la sexualidad humana desde un enfoque psicoanalítico

Sigmund Freud, quien vivió entre 1856 y 1939, es reconocido como el pionero del psicoanálisis. Este método psicológico resalta la relevancia de las etapas iniciales de la existencia. Por ende, concede gran relevancia a las experiencias tempranas en la formación de la personalidad y también en el desarrollo de la sexualidad. 

Impulsos y libido

Un término psicoanalítico crucial es el de impulso. Este término se refiere a las fuerzas internas y naturales que guían los pensamientos y comportamientos de las personas. 

Los impulsos pueden ser de autoconservación, los cuales incluyen procesos como la respiración, la alimentación y la excreción, entre otros. Por otro lado, están los impulsos sexuales, que Freud se refiere como libido.







ANÁLISIS DE LOS SUEÑOS


Según Freud existe una relación entre la elaboración onírica y las ideas latentes reprimidas; impresiones que dejaran las experiencias sexuales infantiles que aparecen deformadas durante el sueño por efecto de la censura, y que intentan la realización de los deseos.


El autor se refiere particularmente a los sueños de personas que están en tratamiento psicoanalítico.

 




La psicología cognitiva como paradigma psicológico tiene una historia reciente: aunque algunas propuestas de finales de los años cuarenta y de la década de los cincuenta se pueden considerar como primeros esbozos de esta forma de hacer psicología, es a partir de los años sesenta cuando realmente se empieza a extender por el mundo entero, compitiendo en los centros de estudio y de investigación con el conductismo, al que finalmente parece haber desbancado como paradigma dominante.
 
El conductismo supuso uno de los mayores esfuerzos de los psicólogos por hacer de su disciplina una ciencia. Los principios metodológicos que exigieron a la psicología (experimentación, rechazo de la introspección, empleo de categorías explicativas definidas operacionalmente, ...) supuso un adelanto y una conquista que la mayoría de los psicólogos consideran irrenunciable. Sin embargo, estos triunfos se vieron claramente empañados en cuestiones fundamentales: el conductismo es una psicología sin sujeto (psicología del organismo vacío); su pretensión teórica fundamental consiste en explicar toda la conducta a partir del aprendizaje: son los refuerzos y los estímulos presentes en la vida de los organismos los que determinan su modo de relacionarse con el medio y de resolver sus problemas adaptativos. Esta paradójica renuncia al sujeto para explicar lo que el sujeto hace se puede plantear en los términos tradicionales de cuerpo y mente: el conductismo da poca importancia al cuerpo y a las predisposiciones genéticas de la conducta; pero también rechaza la mente, prescinde de forma explícita y, en muchos casos combativa, de la mente como elemento explicativo. La psicología conductista estudia la conducta para explicar la conducta.
 
Esta idea del ambientalismo y del organismo vacío entra en crisis en los años sesenta. Por un lado los etólogos y las investigaciones en neurociencias, y por otro los desarrollos de la propia la psicología, van a cuestionar estos principios explicativos básicos.
 
Por parte de la psicología cognitiva, la crítica se referirá básicamente al olvido de la mente. Sabemos por qué resultó atractiva la psicología cognitiva: de nuevo se introducen en la psicología temas como el de la atención, la percepción, la memoria, el pensamiento, el lenguaje, temas que parecen irrenunciables para toda psicología que quiera ser completa y que el conductismo a duras penas pudo incluir en sus investigaciones. Y como compendio de todas estas capacidades y actividades, la mente. De nuevo la mente entra el la psicología, y, además, explicada con métodos que heredan del conductismo la pretensión de objetividad: la psicología cognitiva rechaza también la introspección como acceso privilegiado a lo psíquico favoreciendo los informes objetivos obtenidos en laboratorio. Simplificando, el mentalismo tradicional quiere estudiar la mente mirando a la mente, la psicología cognitiva quiere estudiar la mente mirando la conducta. Considera irrenunciable la referencia a la mente como causa de la conducta, pero también considera irrenunciable la observación objetiva de la conducta para el descubrimiento de las estructuras y procesos mentales supuestamente elicitadores de la conducta.
 
Pero la diferencia con otros mentalismos no está sólo del lado del método (el conductismo metodológico del cognitivismo frente a la introspección del mentalismo tradicional), sino, más importante aún, de los conceptos y categorías fundamentales con los que intenta comprender la mente: la diferencia esencial está en la idea de mente.
 
La categoría explicativa básica que utiliza el paradigma cognitivo es la de información: la mente es una entidad capaz de recibir, almacenar y procesar de diversos modos la información, y de generar una conducta en virtud de dichas actividades. Esta tesis primordial tiene importantísimas consecuencias en la idea de mente y de psicología propuesta por este paradigma. Por ejemplo, parece claro que las actividades mentales que no son cogniciones, las actividades mentales que no consisten en informar o describir el mundo, sólo con enormes dificultades pueden entrar en el programa de investigación cognitivo: aquí hay que incluir fundamentalmente el mundo de las emociones y el de la motivación: estar triste no es tener un estado informativo determinado, desear no es tener una representación del mundo, aunque, evidentemente, la información manejada por el sujeto tiene clara influencia tanto en la emoción y el sentimiento como en el deseo y la voluntad. En términos clásicos, la psicología cognitiva estudia la dimensión intelectual de la psíque, pero no la emotiva y la volitiva.
 
En la forma de entender la información y el modo de procesar la información fueron importantes tanto ciertas ideas filosóficas como los avances tecnológicos en informática. Por parte de la filosofía, la influencia más clara tiene que ver con tesis racionalistas. En primer lugar por la importancia que se le da a las representaciones: el trato con la cosas está determinado por el conocimiento que el sujeto tiene del mundo, conocimiento que ha de estar presente de algún modo en él para que su conducta resulte eficaz. A esta forma vicaria de estar el mundo se le suele llamar representación, y la investigación de su estatuto y peculiaridades es precisamente uno de los temas principales en el paradigma cognitivo. Estas entidades tienen contenido semántico, significan algo (por ejemplo, conceptos, figuras, formas, ángulos, notas o propiedades, ...) y gracias a dicho significado se refieren al mundo De este modo, las representaciones son las unidades informativas que maneja el sujeto y cuyo procesamiento determina la conducta. Pero las representaciones se combinan unas con otras siguiendo reglas y el rendimiento de cada una de las facultades mentales (percepción, memoria, lenguaje, atención, ...) se define a partir de las distintas reglas de transformación y combinación de representaciones. De este modo, reglas y representaciones son dos de los elementos conceptuales básicos del cognitivismo y dan lugar al programa de investigación característico de este paradigma.
 
La tecnología existente estableció el modo concreto de concebir las formas de instanciar la representación y de procesar la información. Aunque en los primeros años de la informática hubo algunos intentos de construir sistemas artificiales de procesamiento que reprodujesen algunos aspectos muy abstractos del cerebro (el Perceptrón, por ejemplo), el modelo que sin embargo tuvo éxito fue el del ordenador Von Neumann (los ordenadores actuales son ejemplos de este modelo). Sus características principales son las siguientes:
  1. la información está localizada en partes físicas concretas: si guardo en el disco duro de mi ordenador lo que ahora estoy escribiendo, la información se almacenará físicamente en un lugar preciso, al que el ordenador sabrá acceder mediante un sistema preciso de direcciones;
  2. la información se procesa “en serie”, si hago que “corra” un programa en mi ordenador, las instrucciones de que éste consta se realizarán siguiendo un orden, y una en cada unidad de tiempo, nunca dos en el mismo momento (decimos que no hay dos procesadores, sino uno);
  3. además, la información con la que trabaja el ordenador es significativa –al menos en el nivel del programador: una palabra, una letra, una línea, un ángulo, una figura, ...
  4. el ordenador consta de partes físicamente diferenciadas para tareas realmente diferentes: grandes estructuras como la memoria, los periféricos, la unidad lógico-matemática, la unidad de procesamiento central...
  5. la información está controlada desde una parte del ordenador privilegiada: la unidad central de procesamiento, unidad que se encarga de establecer las jerarquías en la actuación y el control del sistema;
  6. las reglas de procesamiento describen transformaciones que atienden a restricciones lógicas, semánticas y sintácticas.


La psicología cognitiva clásica tomó estas ideas y las trasladó a la psicología: se entendió que la mente era como un programa informático y el cerebro como el hardware del ordenador. Se intentó describir el flujo de la información con la idea de que la mente procesa la información, que consta de macroestructuras que la transforman a su manera, se buscó el auténtico modo de darse las representaciones, ... hasta que en la segunda mitad de los años ochenta se produce una modificación sustancial en el paradigma cognitivo con el desarrollo del conexionismo. En 1986 D. E. Rumelhart y J. L. McClelland editan Parallel Distributed Processing, obra considerada como la “Biblia” del conexionismo y que supuso el cambio de rumbo en la psicología cognitiva. Es común señalar la radicalidad de dicho cambio, hasta el punto de que algunos autores señalan que con el conexionismo se da realmente un cambio de paradigma. Aunque sólo tras la lectura de la totalidad de este informe sobre el conexionismo se puede apreciar de un modo más cabal el contraste entre estas dos formas de hacer psicología cognitiva, se pueden adelantar algunas importantes semejanzas y diferencias entre ambos enfoques:
  • Parece claro que un primer punto común es la referencia a la computación: ambas teorías entienden la mente como un sistema que procesa información y responde al medio a partir de dicho procesamiento. Pero ni siquiera en este punto, que sin duda es el que da continuidad a las dos corrientes, se da el acuerdo:
  • La psicología cognitiva clásica entiende el procesamiento como la aplicación de un conjunto de reglas a entidades situadas en el nivel de la psicología popular (creencias y deseos, básicamente); el conexionismo entiende el procesamiento como el cálculo de las señales de salida a partir de los cómputos que realizan las unidades de la red en función de los pesos de las conexiones y de determinadas funciones matemáticas que determina la activación de dichas unidades y las salidas correspondientes a cada una de ellas. Para el conexionismo la computación no se realiza sobre entidades reconocibles desde el nivel de la psicología popular.

 

  • Las dos teorías proponen el uso de la simulación por ordenador para la comprobación de las hipótesis relativas a los procesos mentales, pero la psicología cognitiva clásica propone la simulación en el ordenador convencional y el conexionismo la simulación mediante arquitecturas semejantes a la del cerebro.

 


  • La psicología cognitiva clásica propone la lógica y las reglas que imponen restricciones semánticas y sintácticas para realizar los cómputos (como ocurre en los programas de ordenador de la Inteligencia Artificial tradicional); el conexionismo, sin embargo utiliza herramientas matemáticas, particularmente estadísticas, para la realización de los cómputos que se supone realiza nuestra mente.
  • El objetivo de la psicología la psicología cognitiva clásica es el descubrimiento de las reglas que rigen los procesos mentales y de los elementos o estructuras básicas del procesamiento humano; el del conexionismo es el descubrimiento de redes adecuadas para la simulación de tareas característicamente mentales y de reglas de aprendizaje eficientes.
  • Otro contraste que se suele destacar es el que se refiere al aprendizaje: los modelos clásicos rechazan el asociacionismo y tienen a defender posiciones innatistas, el conexionismo parece una vuelta al asociacionismo (las redes neuronales no son otra cosa que asociaciones entre unidades) y, puesto que las redes comienzan el aprendizaje con pesos establecidos aleatoriamente, tiende a defender la idea de la mente como una “tabula rasa” o papel en blanco”, siendo la experiencia, el ambiente en el que se desenvuelve la red, y no factores innatos, la que provoca la aparición de los pesos adecuados para el procesamiento y el almacenamiento de la información. Algunos autores consideran que estas diferencias separan al conexionismo de la psicología cognitiva y lo aproximan al conductismo pues, aunque no exactamente en el mismo sentido, éste también defiende el asociacionismo y el ambientalismo.
  • FUENTE
  • http://www.e-torredebabel.com/Psicologia/Conexionismo/Conexionismo-Introduccion.htm


EL CONDUCTISMO


El representante más importante del Conductismo fue John B. Watson (1878-1958).

Watson estaba interesado por la conducta animal; le impresionaba el hecho de que al estudiar a los animales es posible no tener en cuenta a la conciencia y observar solamente lo que hacen. Se preguntaba si se podría hacer lo mismo con los seres humanos.


La conducta es real, objetiva y práctica, en tanto que la conciencia no se puede observar; por lo tanto decidió suprimirla y ocuparse de la conducta.

A pesar de las objeciones que existían en Estados Unidos a la psicología tradicional, sus colegas consideraban su decisión muy radical y se opusieron a su teoría.

La razón del término "conductismo" se debe a que se trata de una teoría que se interesa únicamente en la conducta, no en la experiencia consciente.
Watson insistía en que la conducta humana debía estudiarse tan objetivamente como el comportamiento de las máquinas. La conciencia no era objetiva, por consiguiente, no era válida científicamente y no se la podía estudiar en forma científica.

Para Watson una conducta como el habla se explicaba como el movimiento de los músculos de la garganta, y el pensamiento era considerado para él una conversación en silencio consigo mismo. En cuanto al sentimiento y la emoción para Watson sólo eran los movimientos de los músculos del intestino.

Si bien estas definiciones parecen absurdas, no se puede ignorar la enorme importancia de esta postura para el desarrollo de la psicología como ciencia.

Antes de Watson se realizaron muchos estudios objetivos de la conducta, pero él se destacó como el hombre que convirtió este tipo de estudio en un movimiento y una filosofía nacional.

Para Watson la conducta era una cuestión de reflejos condicionados, es decir, de respuestas aprendidas mediante un condicionamiento.

Todo lo que hereda el hombre es un cuerpo con unos pocos reflejos y las diferencias en capacidad y en personalidad dependen del aprendizaje. En este sentido, Watson fue en varios aspectos un fuerte exponente de la importancia del medio ambiente en detrimento de los factores hereditarios. No había límites, prácticamente, para lo que podía llegar a ser el hombre, si se lo condicionaba adecuadamente.

Esta postura tuvo grandes implicancias para la crianza de los niños, la educación, la publicidad y la organización social.

Las ideas de Watson se ajustaban perfectamente bien a la creencia norteamericana, en la igualdad de oportunidades, en el énfasis sobre la practicidad del factor no emocional y en la fe en el progreso.

Pero no era sólo Watson el único en presentar una teoría objetivo porque en ese momento ya existían otras tendencias orientadas hacia la objetividad y la importancia del medio ambiente.

Watson se inspiró en la filosofía empirista de John Lock, en Inglaterra y la psicología fisiológica de Pavlov en Rusia. No obstante, imponer su teoría no fue fácil en su país y tuvo que enfrentar mucha oposición.

Según Watson podemos crear una multiplicidad de nuevas conexiones estímulo-respuesta mediante el proceso de condicionamiento. Si un nuevo estímulo actúa junto con el estímulo para la respuesta refleja, después de varios apareamientos similares el nuevo estímulo producirá, por sí solo, la respuesta.

Pavlov fue el primero en describir este proceso de condicionamiento que hace posible que cada respuesta del repertorio original de reflejos sea producida por una gran variedad de nuevos estímulos, además de los que la produjeron originariamente.

Según Watson, mediante la formación de una serie de reflejos simples es como se aprende a responder a situaciones nuevas.

Watson acepta la existencia de tres pautas innatas de reacción emocional: el miedo, la ira y el amor, que según él sólo se refieren a pautas de movimientos y no a sentimientos conscientes.

Todo lo que pensamos, sentimos, decimos o hacemos implica, en diversos grados, la actividad de todo el cuerpo y ésta es la base fundamental del conductismo.
El Conductismo de Watson, en su afán de encontrar un objeto medible en el hombre, se reduce a considerarlo como un aparato mecánico que responde frente a estímulos.

De esta manera se puede estudiar al hombre como a una máquina, modificar sus hábitos, cambiarlos por otros y hasta predecir su comportamiento ante un estímulo.

Como toda teoría, ésta también tiene sus grandes limitaciones, sin embargo fue el precursor de varias corrientes de pensamiento que fueron complementando y perfeccionando esta orientación.



Ley del Efecto:
 
Thorndike, otro psicólogo norteamericano da un gran impulso a la experimentación animal. Sus investigaciones con los animales, llevadas a cabo a fines del siglo pasado, fueron realizadas con aparatos como el laberinto en forma de T y la jaula. En el laberinto el animal, después de haber recorrido las patas de tantas T, se halla ante lugares de opción y tiene que aprender cuál de las dos direcciones es la adecuada. En cambio lo que se exige al animal encerrado en la jaula es aprender que para salir de la misma y encontrar comida e preciso mover una manecilla. Observando a los gatos empeñados en esta última operación, Thorndike llegó a la conclusión de que su aprendizaje se verificaba gradualmente, a través de una serie de ensayos y errores que llevaba a la consolidación de las reacciones del organismo que habían sido recompensadas (ley del efecto).
 
La "Ley del Efecto" de Thorndike se caracteriza claramente por un enfoque de tipo conductista. Con el mismo el autor creía especificar una característica básica de la "inteligencia animal". En efecto, podríamos considerar que la inteligencia consiste en comprender la relación que existe entre el acto de presionar la manecilla y la posibilidad de salir, pero lo que observamos efectivamente es que dicho acto se verifica tanto más a menudo mientras más va seguido por una recompensa. El primer modo de describir la situación constituye una pura inferencia sacada del segundo modo, que, en cambio se limita a los hechos. La ley empírica del efecto nos dice que "una acción acompañada o seguida de un estado de satisfacción tenderá a volverse a presentar más a menudo, una acción seguida de un estado de insatisfacción tenderá a volverse a presentar menos a menudo". Pero, si esta ley explica nuestras observaciones y es capaz de predecir lo que probablemente haremos en el futuro no hay motivo para sustituirla por otra.
 
La ley del efecto subrayaba en primer lugar el carácter adaptativo y utilitarista de la acción humana, cuya manifestación aparecía simplemente vinculada a la posibilidad de ser recompensada. Muchos psicólogos habrían negado que el aprendizaje se verifique sólo en presencia de recompensa y entre ellos incluso algunos pertenecientes a la tradición conductista. En segundo lugar, el análisis de los tiempos exigidos al gato para llegar a la presión de la manecilla sugería a Thorndike que el aprendizaje era gradual. Muchos experimentos realizados por los psicólogos de la Gestalt y nuestro mismo sentido común nos hubieran hecho pensar que el aprendizaje tendría que haberse verificado por medio de una comprensión bastante repentina de la manera como era posible salir de la jaula. En este caso el gato mentalmente diría algo así: "Ah, ya entendí"
 
Las curvas de aprendizaje trazadas por Thorndike, partiendo de sus datos, eran favorables a la idea de que el aprendizaje es gradual, y no fruto de una comprensión repentina. En efecto en este último caso tendría que haber pasado que, al principio, el gato no lograse salir o hallarse casualmente la respuesta adecuada y, por tanto, tuviese necesidad de mucho tiempo, y que luego --con el descubrimiento de la solución, el tiempo necesario para salir se volviese mínimo. En cambio, Thorndike observó que con el paso de las pruebas, el tiempo necesario para un gato salir de la jaula decrecía regular y gradualmente, sin caídas bruscas, y esto le hizo llegar a la conclusión de que el animal no captaba la solución, sino que más bien iba a pequeños pasos sucesivos, imprimiéndose las respuestas adecuadas y borrando las equivocadas.
 
Sin embargo, Thorndike no adoptó una postura decidida contra los que hacían una psicología distinta de la suya, cosa que, en cambio hizo poco años después Watson. Éste había dejado en 1904 la universidad de Chicago por la John's Hopkins University y había continuado la experimentación animal, colaborando también con Carr y Yerkes, el cual en 1909 había introducido con Morgulis la obra de Pavlov en el ámbito norteamericano. Es indudable que la escuela rusa ejerció una gran influencia sobre el conductismo. 
 
FUENTE
http://psicopsi.com/Ley-del-Efecto-Thorndike

Freud



POEMAS DE GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER


POEMAS DE GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER

Gustavo Adolfo Bécquer

Poeta originario de Sevilla, España, nacido en 1836 y fallecido en Madrid en 1870. Se considera uno de los destacados poetas del movimiento romántico del siglo XIX. Sus composiciones líricas marcan el inicio de la poesía contemporánea en España. Comenzó su trayectoria artística al pintar junto a su padre y su hermano, pero dejó esta actividad en 1854 para dedicarse plenamente a la escritura. También es conocido por sus obras "Historia de los templos de España" y "Cartas literarias a una mujer". 





I
Como se arranca el hierro de una herida
su amor de las entrañas me arranqué,
¡aunque sentí al hacerlo que la vida
me arrancaba con él!
Del altar que le alcé en el alma mía
la Voluntad su imagen arrojó,
y la luz de la fe que en ella ardía
ante el ara desierta se apagó.
Aun para combatir mi firme empeño
viene a mi mente su visión tenaz…
¡Cuándo podré dormir con ese sueño
en que acaba el soñar!


II

Yo me he asomado a las profundas simas
de la tierra y del cielo,
y les he visto el fin o con los ojos
o con el pensamiento.
Mas ¡ay! de un corazón llegué al abismo
y me incliné un momento,
y mi alma y mis ojos se turbaron:
¡Tan hondo era y tan negro!


III

En la clave del arco mal seguro
cuyas piedras el tiempo enrojeció,
obra de cincel rudo campeaba
el gótico blasón.
Penacho de su yelmo de granito,
la yedra que colgaba en derredor
daba sombra al escudo en que una mano
tenía un corazón.
A contemplarle en la desierta plaza
nos paramos los dos.
Y, ese, me dijo, es el cabal emblema
de mi constante amor.
¡Ay!, es verdad lo que me dijo entonces:
verdad que el corazón
lo llevará en la mano… en cualquier parte…
pero en el pecho no.


IV

¡Los suspiros son aire y van al aire!
¡Las lágrimas son agua y van al mar!
Dime, mujer: cuando el amor se olvida,
¿sabes tú a dónde va?


V

Las ondas tienen vaga armonía,
las violetas suave olor,
brumas de plata la noche fría,
luz y oro el día,
yo algo mejor;
¡yo tengo Amor!
Aura de aplausos, nube radiosa,
ola de envidia que besa el pie.
Isla de sueños donde reposa
el alma ansiosa.
Dulce embriaguez
¡la Gloria es!
Ascua encendida es el tesoro,
sombra que huye la vanidad.
Todo es mentira: la gloria, el oro,
lo que yo adoro
sólo es verdad:
¡la Libertad!
Así los barqueros pasaban cantando
la eterna canción
y a golpe de remo saltaba la espuma
y heríala el sol.
-¿Te embarcas? gritaban, y yo sonriendo
les dije al pasar:
Yo ya me he embarcado, por señas que aún tengo
la ropa en la playa tendida a secar.

VI

Fatigada del baile,
encendido el color, breve el aliento,
apoyada en mi brazo
del salón se detuvo en un extremo.
Entre la leve gasa
que levantaba el palpitante seno,
una flor se mecía
en compasado y dulce movimiento.
Como en cuna de nácar
que empuja el mar y que acaricia el céfiro,
tal vez allí dormía
al soplo de sus labios entreabiertos.
¡Oh! ¡quién así, pensaba,
dejar pudiera deslizarse el tiempo!
¡Oh! si las flores duermen,
¡qué dulcísimo sueño!



VII

Voy contra mi interés al confesarlo,
no obstante, amada mía,
pienso cual tú que una oda solo es buena
de un billete del Banco al dorso escrita.
No faltará algún necio que al oírlo
se haga cruces y diga:
Mujer al fin del siglo diez y nueve
material y prosaica… ¡Boberías!
¡Voces que hacen correr cuatro poetas
que en invierno se embozan con la lira!
¡Ladridos de los perros a la luna!
Tú sabes y yo sé que en esta vida,
con genio es muy contado el que la escribe,
y con oro cualquiera hace poesía.


VIII

¿Quiéres que de ese néctar delicioso
no te amarge la hez?
Pues aspírale, acércale a tus labios
y déjale después.
¿Quieres que conservemos una dulce
memoria de este amor?
Pues amémosnos hoy mucho y mañana
¡digámosnos, adiós!


IX

Entre el discorde estruendo de la orgía
acarició mi oído
como nota de música lejana,
el eco de un suspiro.
El eco de un suspiro que conozco,
formado de un aliento que he bebido,
perfume de una flor que oculta crece
en un claustro sombrío.
Mi adorada de un día, cariñosa,
-¿En qué piensas? me dijo:
-En nada… -En nada ¿y lloras? – Es que tengo
alegre la tristeza y triste el vino.


X

Como en un libro abierto
leo de tus pupilas en el fondo.
¿A qué fingir el labio
risas que se desmienten con los ojos?
¡Llora! No te avergüences
de confesar que me quisiste un poco.
¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves; yo soy un hombre… y también lloro.


XI

Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.
Yo quisiera escribirle, del hombre
domando el rebelde mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.
Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarle, y apenas ¡oh! ¡hermosa!
si teniendo en mis manos las tuyas
pudiera al oído cantártelo a solas.


XII

Lo que el salvaje que con torpe mano
hace de un tronco a su capricho un dios
y luego ante su obra se arrodilla,
eso hicimos tú y yo.
Dimos formas reales a un fantasma,
de la mente ridícula invención
y hecho el ídolo ya, sacrificamos
en su altar nuestro amor.


XIII

Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay!, pensé, ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz como Lázaro espera
que le diga “¡Levántate y anda!”


XIV

Alguna vez la encuentro por el mundo
y pasa junto a mí
y pasa sonriéndose y yo digo
¿Cómo puede reír?
Luego asoma a mi labio otra sonrisa
máscara del dolor,
y entonces pienso: -Acaso ella se ríe,
como me río yo.


XV

Saeta que voladora
cruza, arrojada al azar,
y que no se sabe dónde
temblando se clavará;
hoja que del árbol seca
arrebata el vendaval,
sin que nadie acierte el surco
donde al polvo volverá.
Gigante ola que el viento
riza y empuja en el mar
y rueda y pasa y se ignora
qué playa buscando va.
Luz que en cercos temblorosos
brilla próxima a expirar,
y que no se sabe de ellos
cuál el último será.
Eso soy yo que al acaso
cruzo el mundo sin pensar
de dónde vengo ni a dónde
mis pasos me llevarán.


XVI

Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de dónde estaba.
Cayó sobre mi espíritu la noche
en ira y en piedad se anegó el alma
¡y entonces comprendí por qué se llora!
¡y entonces comprendí por qué se mata!
Pasó la nube de dolor… con pena
logré balbucear breves palabras…
¿Quién me dio la noticia?… Un fiel amigo…
Me hacía un gran favor… Le di las gracias.


XVII

Yo sé cuál el objeto
de tus suspiros es.
Yo conozco la causa de tu dulce
secreta languidez.
¿Te ríes…? Algún día
sabrás, niña, por qué:
Tú acaso lo sospechas,
y yo lo sé.
Yo sé cuándo tú sueñas,
y lo que en sueños ves;
como en un libro puedo lo que callas
en tu frente leer.
¿Te ríes…? Algún día
sabrás, niña, por qué:
Tú acaso lo sospechas
y yo lo sé.
Yo sé por qué sonríes
y lloras a la vez.
Yo penetro en los senos misteriosos
de tu alma de mujer.
¿Te ríes…? Algún día
sabrás, niña, por qué:
mientras tú sientes mucho y nada sabes,
yo que no siento ya, todo lo sé.



XVIII

¡Qué hermoso es ver el día
coronado de fuego levantarse,
y a su beso de lumbre
brillar las olas y encenderse el aire!
¡Qué hermoso es tras la lluvia
del triste Otoño en la azulada tarde,
de las húmedas flores
el perfume aspirar hasta saciarse!
¡Qué hermoso es cuando en copos
la blanca nieve silenciosa cae,
de las inquietas llamas
ver las rojizas lenguas agitarse!
¡Qué hermoso es cuando hay sueño
dormir bien… y roncar como un sochantre
y comer… y engordar… ¡y qué fortuna
que esto sólo no baste!


XIX

¿Cómo vive esa rosa que has prendido
junto a tu corazón?
Nunca hasta ahora contemplé en el mundo
junto al volcán la flor.


XX

Hoy como ayer, mañana como hoy
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar… andar.
Moviéndose a compás como una estúpida
máquina el corazón;
la torpe inteligencia del cerebro
dormida en un rincón.
El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándole sin fe;
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.
Voz que incesante con el mismo tono
canta el mismo cantar,
gota de agua monótona que cae
y cae sin cesar.
Así van deslizándose los días
uno de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer… y todos ellos
sin gozo ni dolor.
¡Ay! ¡a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir!
¡Amargo es el dolor pero siquiera
padecer es vivir!


XXI

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¡Qué es poesía!,  ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.


XXII

Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso… yo no sé
qué te diera por un beso.


XXIII

¿Será verdad que cuando toca el sueño
con sus dedos de rosa nuestros ojos,
de la cárcel que habita huye el espíritu
en vuelo presuroso?
¿Será verdad que, huésped de las nieblas,
de la brisa nocturna al tenue soplo,
alado sube a la región vacía
a encontrarse con otros?
¿Y allí desnudo de la humana forma,
allí los lazos terrenales rotos,
breves horas habita de la idea
el mundo silencioso?
¿Y ríe y llora y aborrece y ama
y guarda un rastro del dolor y el gozo,
semejante al que deja cuando cruza
el cielo un meteoro?
Yo no sé si ese mundo de visiones
vive fuera o va dentro de nosotros:
Pero sé que conozco a muchas gentes
a quienes no conozco.


XXIV

Las ropas desceñidas,
desnudas las espadas,
en el dintel de oro de la puerta
dos ángeles velaban.
Me aproximé a los hierros
que defienden la entrada,
y de las dobles rejas en el fondo
la vi confusa y blanca.
La vi como la imagen
que en leve ensueño pasa,
como rayo de luz tenue y difuso
que entre tinieblas nada.
Me sentí de un ardiente
deseo llena el alma;
como atrae un abismo, aquel misterio
hacia sí me arrastraba.
Mas ¡ay! que de los ángeles
parecían decirme las miradas
-El umbral de esta puerta
sólo Dios lo traspasa.



XXV

Cuando miro el azul horizonte
perderse a lo lejos,
al través de una gasa de polvo
dorado e inquieto,
me parece posible arrancarme
del mísero suelo
y flotar con la niebla dorada
¡en átomos leves
cual ella desecho!
Cuando miro de noche en el fondo
oscuro del cielo
las estrellas temblar como ardientes
pupilas de fuego,
me parece posible a dó brillan
subir en un vuelo,
y anegarme en su luz, y con ellas
en lumbre encendido
fundirme en un beso.
En el mar de la duda en que bogo
ni aún sé lo que creo;
sin embargo estas ansias me dicen
que yo llevo algo
divino aquí dentro.



XXVI

Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!
¡No podía ser!
Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!
¡No podía ser!
Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder:
la senda estrecha, inevitable el choque…
¡No podía ser!


XXVII

Besa el aura que gime blandamente
las leves ondas que jugando riza;
el sol besa a la nube en occidente
y de púrpura y oro la matiza;
la llama en derredor del tronco ardiente
por besar a otra llama se desliza
y hasta el sauce inclinándose a su peso
al río que le besa, vuelve un beso.



XXVIII

Antes que tú me moriré: escondido
en las entrañas ya
el hierro llevo con que abrió tu mano
la ancha herida mortal.
Antes que tú me moriré: y mi espíritu,
en su empeño tenaz
se sentará a las puertas de la Muerte,
esperándote allá.
Con las horas los días, con los días
los años volarán,
y a aquella puerta llamarás al cabo…
¿Quién deja de llamar?
Entonces, que tu culpa y tus despojos
la tierra guardará,
lavándote en las ondas de la muerte
como en otro Jordán.
Allí, donde el murmullo de la vida
temblando a morir va,
como la ola que a la playa viene
silenciosa a expirar.
Allí donde el sepulcro que se cierra
abre una eternidad.
Todo cuanto los dos hemos callado
allí lo hemos de hablar.


XXIX

Tu pupila es azul y cuando ríes
su claridad suave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.
Tu pupila es azul y cuando lloras
las transparentes lágrimas en ella
se me figuran gotas de rocío
sobre una violeta.
Tu pupila es azul y si en su fondo
como un punto de luz radia una idea
me parece en el cielo de la tarde
una perdida estrella.


XXX

Nuestra pasión fue un trágico sainete
en cuya absurda fábula
lo cómico y lo grave confundidos
risas y llanto arrancan.
Pero fue lo peor de aquella historia
que al fin de la jornada
a ella tocaron lágrimas y risas
y a mí, sólo las lágrimas.


XXXI

Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
¡diera, alma mía,
cuanto poseo,
la luz, el aire
y el pensamiento!
Cuando se clavan tus ojos
en un invisible objeto
y tus labios ilumina
de una sonrisa el reflejo,
por leer sobre tu frente
el callado pensamiento
que pasa como la nube
del mar sobre el ancho espejo,
¡diera, alma mía,
cuanto deseo,
la fama, el oro,
la gloria, el genio!
Cuando enmudece tu lengua
y se apresura tu aliento,
y tus mejillas se encienden
y entornas tus ojos negros,
por ver entre sus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos,
diera, alma mía,
por cuanto espero,
la fe, el espíritu,
la tierra, el cielo.


XXXII

Este armazón de huesos y pellejo
de pasear una cabeza loca
se halla cansado al fin y no lo extraño
pues aunque es la verdad que no soy viejo,
de la parte de vida que me toca
en la vida del mundo, por mi daño
he hecho un uso tal, que juraría
que he condensado un siglo en cada día.
Así, aunque ahora muriera,
no podría decir que no he vivido;
que el sayo, al parecer nuevo por fuera,
conozco que por dentro ha envejecido.
¡Ha envejecido, sí; pese a mi estrella!
harto lo dice ya mi afán doliente;
que hay dolor que al pasar su horrible huella
graba en el corazón, si no en la frente.


XXXIII

Dos rojas lenguas de fuego
que a un mismo tronco enlazadas
se aproximan, y al besarse
forman una sola llama.
Dos notas que del laúd
a un tiempo la mano arranca,
y en el espacio se encuentran
y armoniosas se abrazan.
Dos olas que vienen juntas
a morir sobre una playa
y que al romper se coronan
con un penacho de plata.
Dos jirones de vapor
que del lago se levantan,
y al juntarse allá en el cielo
forman una nube blanca.
Dos ideas que al par brotan,
dos besos que a un tiempo estallan,
dos ecos que se confunden,
eso son nuestras dos almas.


XXXIV

Dejé la luz a un lado y en el borde
de la revuelta cama me senté,
mudo, sombrío, la pupila inmóvil
clavada en la pared.
¿Qué tiempo estuve así? No sé: al dejarme
la embriaguez horrible de dolor,
expiraba la luz y en mis balcones
reía el sol.
Ni sé tampoco en tan terribles horas
en qué pensaba o qué pasó por mí;
sólo recuerdo que lloré y maldije,
y que en aquella noche envejecí.


XXXV

Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!
Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!
Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!
Llevadme por piedad a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria.
¡Por piedad! ¡tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!


XXXVI

Cuando volvemos las fugaces horas
del pasado a evocar,
temblando brilla en sus pestañas negras
una lágrima pronta a resbalar.
Y al fin resbala y cae como gota
del rocío al pensar
que cual hoy por ayer, por hoy mañana
volveremos los dos a suspirar.


XXXVII

Sabe si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos
también puede besar con la mirada.


XXXVIII

Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquéllas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquéllas que aprendieron nuestros nombres…
ésas… ¡no volverán!
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día
ésas… ¡no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar,
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido… desengáñate,
nadie así te amará.

ENTRADAS DESTACADAS

SELECCIÓN DE POESÍA CHINA

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HAIKU DE FANNY JEM WONG

HAIKU DE FANNY JEM WONG
en el estanque / las aguas se elevan / besos y rezos

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HAIKU Perfecto amor - corazón de los bosques -cantan las aves. -Fanny Jem Wong

HAIKU DE FANNY JEM WONG

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piel amarilla / viajas sin rumbo fijo /seis estaciones

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HAIKU La mariposa - Princesa de las nubes - escribe versos. -Fanny Jem Wong

CONFUCIO

La sabiduría se preocupa de ser lenta en sus discursos y diligente en sus acciones.

HAIKU DE FANNY JEM WONG

HAIKU DE FANNY JEM WONG
ojitos negros / carita de min pao / infinita luz /

RECORDATORIO

RECORDATORIO
“Confía, mas sé prudente. No te apresures en entregar tu fe y confianza a quienes no lo valoran. Recuerda que el común de las gentes está acostumbrado a los reveces.” FANNY JEM WONG

Un recordatorio valioso:

Un recordatorio valioso:
"Distráete del dolor, de la indiferencia, de la traición, no permitas que te transformen en lo que no eres." Fanny Jem Wong

«𝗛𝗼𝗷𝗮𝘀 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗿𝗮Í𝗰𝗲𝘀» A𝗻𝘁𝗼𝗹𝗼𝗴Í𝗮 𝗹𝗶𝘁𝗲𝗿𝗮𝗿𝗶𝗮

«𝗛𝗼𝗷𝗮𝘀 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗿𝗮Í𝗰𝗲𝘀» A𝗻𝘁𝗼𝗹𝗼𝗴Í𝗮 𝗹𝗶𝘁𝗲𝗿𝗮𝗿𝗶𝗮
«𝗛𝗼𝗷𝗮𝘀 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗿𝗮í𝗰𝗲𝘀» A𝗻𝘁𝗼𝗹𝗼𝗴í𝗮 𝗹𝗶𝘁𝗲𝗿𝗮𝗿𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗿𝗲𝘀 𝘁𝘂𝘀𝗮𝗻𝗲𝘀 𝗽𝗲𝗿𝘂𝗮𝗻𝗼𝘀, compilada por el Dr. Ignacio López-Calvo y Rodrigo P. Campos a , publicado por Palabra de Clío , historiadores mexicanos. 2022. 316 págs. ISBN: 978-612-48686-0-3. Poemas de Fanny Jem Wong, pág. 228-243.