
Hombres y moscas por Marco Martos Poema del libro Cuaderno de quejas y contentamientos
Hombres y moscas por Marco Martos Poema del libro Cuaderno de quejas y contentamientos

Supongo que las disquisiciones que a continuación lucubro,
pueden significar el disgusto de la sociedad de animales,
protectora de los mismos, y pueden también provocar
una lágrima velada, poema de tristeza de la pálida muchacha,
lectora de Corín Tellado y desgraciadamente además
de Gustavo Adolfo Bécquer. Pero aun siendo así,
considero deber ineludible pronunciarme
y hacer públicas mis preocupaciones sobre los insectos
denominados moscas.
Alejado de toda estadística y de otros asuntos de índole matemático,
apelo a la comprobación directa, al análisis simple y escueto,
al diario sufrimiento que nos proporcionan dichos animales:
desde hace muchos años, el hombre,
con todo lo que avanza técnicamente hablando,
no logra sino victorias pírricas frente a las moscas;
ellas viven con nosotros, se alimentan de nuestros alimentos,
beben nuestras bebidas y en épocas de mucho frío
se esconden en los rincones más propicios,
en nuestros preferidos lugares de descanso;
después, utilizando nuestra luz artificial para poner huevos
sin dolor, se reproducen de manera fantástica y
la corona de moscas que rodea la cabeza de los hombres
simboliza todos los días y a cada rato
la victoria del insecto sobre el que se dice pensante
y nos habla de los inútiles esfuerzos
de los sabios inventores de insecticidas y de cazamoscas.
A este paso lo que nos queda es un firme pacto
de no agresión con las arañas: los arácnidos pulmonados
a cambio de la no violencia podrían extender
hermosas telas por los techos y obtener victorias
parciales pero significativas sobre unos cuantos incautos
de cabeza y camisa negra.
Pero estas son utopías: aparentemente inofensivas arañas
son venenosas y por lo tanto, aliados repudiables.
Francamente la desesperación me lleva al convencimiento
de que la poesía no sirve para combatir (como otros creyeron)
a las distintas variedades de moscas: moscas comunes,
trepadoras y de poco alcance, siempre peligrosas,
moscas azules, aristocráticas, con ruidos de sirena
anunciando su presencia, moscas verdes, armadas hasta los dientes,
con batir de tambores y generoso desperdicio de tela,
moscas y moscas, agresiones y agresiones,
y algo así como zumbido de bala y muerte y epidemia.
Pero en oriente —y nadie sabe cómo— y eso contenta,
el hombre está empezando a vencer a las moscas
y aquí, la guerra contra las moscas
es vitalmente necesaria,
y esto lo advierten ustedes día a día,
lo sufren en carne propia.
La palabra solo evidencia el problema,
le pone nombre y corre traslado a quien corresponda.
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De mis manos brotarán
amapolas rojas como la sangre.
Así, quizás mi poesía sea eterna.
MI POESÍA SOY YO
FANNY JEM WONG M
LIMA - PERÚ