ARDILLLA POR MARCO MARTOS
Lucía es un ardilla que habla
español y habla alemán.
Mejor dicho, los entiende, porque le gusta la mudez.
Prefiere jugar con los perros,
uno negro y otro de pelambre amarilla,
con un gato blanco como un ovillo de lana inmaculada,
o con un conejo de ojos rojos que parecen candelas en la noche.
A veces saluda a la gente, sonríe y come una nuez.
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| EL ALBATROS CHARLES POR MARCO MARTOS |
EL ALBATROS CHARLES POR MARCO MARTOS
Perdido en los abismos de los mares cálidos del sur
sigo a los grandes barcos como un lánguido compañero,
en el espesor de la niebla nocturna distingo con esfuerzo
las hermosas luces de las farolas en la popa y la proa.
En los amaneceres, cuando los marineros todavía duermen,
bajo a la cubierta y me acerco sigiloso a la bodega,
en busca de agua dulce y los restos de la pesca del día.
De manera que ha sido calificada como cómica,
camino lentamente entre los vericuetos de los camarotes
y apenas el sol asoma en el horizonte, cuando la vida humana
retorna a la superficie y se escuchan los gritos de los oficiales,
desaparezco por los aires y entre el cielo y el agua
doy la imagen de que me he quedado atraído por alguna isla encantada.
Pero no puedo separarme de los inmensos barcos,
como aquellos hombres que aman con obsesión
a las hermosas mujeres que los atormentan.
Mi destino es seguir como un esclavo la estela de los barcos,
no conozco una forma diferente de existencia.
Aunque amo el humo de los cafés de los barrios elegantes,
esa vida ociosa de mujeres con pieles de armiño y sonrisas,
calificadas de falsas por las damas serviciales y hacendosas,
mi destino es volar por los aires sin rumbo conocido,
porque no conozco las rutas de las embarcaciones que sigo,
me parezco en cierto sentido a esos marineros que me odian,
que me queman el pico con su pipa encendida
si caigo por descuido en sus manos y brazos poderosos,
como ellos no tengo amigos, ni mujer que adorne mi casa,
ni esperanza, ni sol ni luna, ni un hermoso camino.
Soy el aliado inconsciente de mis propios enemigos.
CAMINO DE LUZ. POR MARCO MARTOS
La luz del sol que viene del fondo de mar
es un camino de fuego sobre las aguas.
Hay tres piedras en tu destino
que están delante de tus ojos .
La del lodo es muy hermosa,
pero está entre las sombras.
Las otras son la del amor dolido
y la de la esperanza sola.
Solo en una te sentarás al comienzo de tu vida.
Luego tal vez cambies,
pero no quieras saber de antemano
cuál será tu piedra
cuando llegue la noche.
ANDRÓMEDA, ESCRIBE HORACIO POR MARCO MARTOS
Te percibí días antes de la batalla de Filipos,
desgraciada para la república de Roma,
luz del amanecer para el imperio de Augusto.
Recogías nenúfares a orillas del río
y tu sonrisa condensaba la alegría del universo.
Quedé cautivado por tu belleza
y por tu nombre mítico, Andrómeda.
Chocaron las armas, escapé por milagro de la muerte,
y no volví a verte Andrómeda, salvo en sueños.
¡Qué triste mi vida en Roma como Cuestor del imperio!
No es un bálsamo la amistad de Mecenas, conseguida luego,
ni conocer a Virgilio, ni al mismo Octavio coronado,
ni alternar con las patricias romanas.
¡ Quiero arrojarme en tus brazos
y tú me has arrojado al olvido para siempre!
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PENUMBRA POR MARCO MARTOS |
PENUMBRA POR MARCO MARTOS
La luz de la lámpara ilumina el centro de la habitación y forma un
círculo en medio de las sombras. Hay una zona de penumbra donde se
dibuja el perfil...del hombre, sentado frente a la máquina de escribir.
Un ventilador corta la noche del verano y hace un ruido imperceptible,
como el de un insecto sabio que convive con gente que no lo quiere. El
individuo permanece quieto. Parece una
estatua en medio de la niebla, mirando el fondo del valle desde lo alto
de la montaña, distinguiendo un río, hilo de plata hondo. Lo miro desde
lo oscuro y permanezco callado. Un moscardón viene desde la calle,
enceguecido se lanza como una bala al centro de la luz y luego cae,
panza arriba, impotente. Ahora las manos como rápidas mariposas
veleidosas van y vienen por todas las teclas o reposan en la mesa antes
de súbitos vuelos. Ignoro lo que escriben pero sé que es lo valioso, que
gracias a esas letras que mañana saldrán en el diario habrá alegría en
los corredores de mi casa, y las personas que se crucen con mi padre en
la calle, le dirán que es bueno lo que dice, y verdadero, y él vendrá
donde nosotros a contárnoslo. Ya me veo en mi bicicleta en medio de las
casas de quincha, por pistas adoquinadas o de asfalto, bajo el sol
terrible o bajo los algarrobos o en la plácida noche que comienza,
llevando el artículo de mi padre al periódico, silbando. Tantas veces.
Silbaba entonces, y silbo todavía, agradecido, cuando mis manos vuelan
como mariposas y escribo lo que quiero, mientras mi padre entre las
sombras, en lo más oscuro, aguarda sonriendo. Desde la alta montaña,
metido en el aire puro y en las nubes, mi padre mira a lo lejos, al
fondo del valle de lágrimas. Su voz me llega como un susurro que me
corrige despacio despacio cada línea.
EL ELEFANTE AZUL POR MARCO MARTOS
Hay un elefante azul en el fondo de la estancia
que barrita en la oscuridad en medio de fantasmas,
trae los olores de los ríos de la selva de África
y la súbita tranquilidad de los pájaros cuando anochece.
Bebe agua en los lagos imaginarios de su mente prodigiosa
y espera caricias de las muchachas cuando se mete entre las sábanas.
Tiene los ojos grandes, enormes, dormilones,
y las orejas amarillas como el sol cuando atardece.
Camina con paso lento por las calles y las plazas
y agita su trompa complacido cuando la gente lo llama
por su nombre, Alfonso Azul, Alfonso Azul Prusia, para servirles.
TERESA DE ÁVILA POR MARCO MARTOS
Amurallada en Ávila,
amurallada en Dios,
haciendo cositas para halagarlo,
serena en la hermosura de los campos,
riendo con la humedad del rocío,
severa en la hora de la oración,
levantando tantos templos,
permanece en la memoria
de los hombres
Teresa de Jesús,
santa entre las santas.
Sabe resistir las tentaciones,
distingue muy bien los demonios
de los querubines,
construye un castillo interior
que es la morada del Creador
y el refugio de los desdichados.
Baja de las almenas
y usa puertas secretas
de día o de noche
para encontrarse con los hombres,
llevándoles la palabra de Dios
en medio de la persecución,
las injurias, las envidias y el escarnio.
Ella queda intocada
y los malvados son burlados.
Perdona a todos los que le hacen daño
y como un leño ardiente
sube a los cielos.
Ahí vive.
Queda junto a Dios
como una zarza.
GOZNES ESCRIBE TU FU A LA DAMA PING
POR MARCO MARTOS
Busco aquello que escapa por las rendijas,
Tus manos en mis manos por instantes,
Ternura que recibo cuando miras,
las luces de tus ojos, fuegos rápidos.
Tú eres dueña serena de los cielos,
Espuma de la mar de los deseos,
azulada deidad de lo querido,
aire para la boca de verano,
siseo del amor cuando caminas,
Belleza de tu cuerpo y su pelambre,
Imagen de la vida cada día,
La rosa del perfume de mañana,
paraíso de la música e n la tierra,
El centro de los sueños del poeta.
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DAMA DE BLUSA ROJA, BAJO LOS RETRATOS DE PALMA Y ARONA |
DAMA DE BLUSA ROJA, BAJO LOS RETRATOS DE PALMA Y ARONA
Queda opacado don Ricardo Palma
con el rojo intenso de tu belleza,
observar de reojo es su proeza,
para lograr por fin algo de calma.
Se ha conmovido tanto que se empalma
con Juan de Arona, triste en su cabeza,
anonadados ambos, sin destreza,
inermes, tan oscuros sin su alma.
De qué sirve saber tanto si pierden
el sentido más puro del disfrute,
suplican a los cielos que los mute,
sus sufridos semblantes que concuerden
con tu risa tan roja de mañana
que despierta a los dormidos y afana
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DAMA DE BLUSA VERDE BAJO LOS RETRATOS DE PALMA Y ARONA |
DAMA DE BLUSA VERDE BAJO LOS RETRATOS DE PALMA Y ARONA
Asombrado don Juan de Arona mira
la punzante belleza de tu cara.
Precario en su cuadro sí repara
que un siglo te distancia de su lira.
Se queda verde don Ricardo Palma,
viendo verde tu blusa la compara
con el mar verde de mañana clara,
nubes blancas, el sol radiante, calma.
Mirándote los dos rivales callan,
olvidan sus más ásperos vocablos,
para siempre se guardan sus venablos,
sus odios magníficos acallan.
Solo por verte en su literatura
saltan del marco a tu risa más pura.
JOSÉ SANTOS CHOCANO CANTA A LA BELLA DAMA
Calmado don José Santos Chocano,
blanca flor olorosa en el ojal,
flechada la mirada de metal,
destellos de la azul oscuridad,
atraviesa el tiempo de lo arcano,
llega a tu cabellera que es caudal,
preso de tu belleza señorial,
camina por su edad, besa tu mano.
Llegan sus versos como suave viento
que canta tu hermosura sin igual,
en calles, en las plazas es puntual,
busca tu risa como su alimento.
Tú tienes los encantos de la diosa
y eres en verdad única: la rosa.
Para el peruano Marco Martos
(1942), el poeta es “un hombre poseído por el espíritu de la lengua” y
la poesía es “la lengua del silencio, en el sentido de que dice aquello
que no se dice comúnmente”. Sus versos, concentrados y transparentes,
hablan de la soledad, del amor a la mujer y a la justicia, de las
dificultades de escribir.
OFICIO POR MARCO MARTOS
Éste es mi oficio
y no lo cambio por nada,
pero qué difícil es
querer decir algo
y no tener sino gana.
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| EPICEDIO EN HONOR DE CLAUDIO MARCELO ESCRIBE PROPERCIO POR MARCO MARTOS |
EPICEDIO EN HONOR DE CLAUDIO MARCELO
ESCRIBE PROPERCIO POR MARCO MARTOS
Son hermosas las aguas tibias de puerto Bayas,
estanques humeantes de calmada felicidad,
pero son crueles y despiadadas con los descuidados veraneantes
que no queman incienso a Nepturno deslizándose con su tridente
en la profundidad de aquellas corrientes transparentes
entre peces y sirenas en el fondo de los ríos y los mares.
Ha muerto Claudio Marcelo, hijo de Octavia, hermana de Augusto,
casado con Julia, la hija del emperador.
Tenía veinte años y se precipitó al fondo de las aguas,
no sabemos los detalles, apenas los imaginamos
y de nada sirve ese divagar. Tal vez un calambre,
una confianza excesiva en la fuerza de su contextura,
o la soberbia del que es descendiente de los dioses
y considera, equivocándose, que tiene el destino de los inmortales.
Tenemos que aplacar al can Cerbero con sus tres gargantas ladradoras
y darle una moneda a Caronte en su barca trágica,
para que Claudio Marcelo atraviese el Leteo, el río del olvido,
y regrese victorioso en la memoria de los romanos
como Cayo Julio César, aquel hombre de su linaje
que se alejó a las estrellas, fuera del camino de los hombres.
Claudio Marcelo acaba de morir y queda vivo en la historia
mientras alguien lea con algún aprecio
los versos que en su honor compuso Sixto Propercio
en una mañana de verano radiante, en Roma.
ÚLTIMO DIÁLOGO POR MARCO MARTOS
–Tanto tiempo queriendo escribir
para llegar a la conclusión
de que escribir es un parpadeo
y que da lo mismo
escribir o no escribir,
parpadear o dejar de hacerlo.
¿Acaso alguien dice:
“miro tu parpadeo,
es azul o es
una raya en el espejo”?
¿o el parpadeo
sólo se hace de humo,
vive de por sí,
pasa y no deja huella,
como un único pájaro
sobre la espuma
en el verde mar inmenso,
donde el olvido y sueño
se juntan en un bostezo
de un hombre solo con su máscara
en una habitación de hotel extranjero?
–¿A quién le hablas?
¿Qué dices?
No te escucho.
Cállate. Deja
a los que han encontrado la quietud
en el tráfago de lo perdido.
Babel duerme.
Y tú vienes con parpadeos.
Busca un médico.
Cúrate.
Es un viejo tic inútil
tu parpadeo
Leve reino, 1996.
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| VIRINGO POR MARCO MARTOS |
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| VIRINGO POR MARCO MARTOS |
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| VIRINGO POR MARCO MARTOS |
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| VIRINGO POR MARCO MARTOS |
VIRINGO POR MARCO MARTOS
Hay un perro sin pelo en la costa norte de Perú
que llaman viringo, perro chimo, perro chino.
Abunda en Sechura y los científicos lo han bautizado
como sechura canis. Todos esos nombres son verdaderos
y encierran cada uno sus secretos.
En 1422 el almirante Zheng He y sus compañeros
Zhou Man, Hong Bao, Zhou Wen y Yang Qing,
llegaron a la bahía de Paita, a Colán, a Sechura.
Viajaba por orden del emperador Zhu Di
con numerosa comitiva de concubinas y marineros.
Venían con la orden expresa de tratar bien
a las gentes de los países distantes
y establecer relaciones de concordia con los gobiernos.
Pensaron volver pero nunca lo hicieron,
dejaron sus perros pelados que dan calor
a los ancianos en las noches del invierno,
algunas gallinas orientales de cuellos sin plumas
y vuelo muy pequeño, dejaron ungüentos,
hierbas medicinales, algunas palabras que repetimos.
La nostalgia de lo extraño los acompañó en su regreso.
Tuvieron tiempo para hacer cartas geográficas, mapas
de todos los mundos que fueron conociendo.
Esos conocimientos privados llegaron a los cartógrafos italianos,
a los estudiosos portugueses, a los geógrafos de España,
llegaron a Vasco de Gama, a Cristóbal Colón, a Magallanes.
Todavía permanece, gracias a la magia de la historia,
el emperador Zhu Di, en la ciudad prohibida que mandó construir
dentro de Beijin, en sus aposentos de invierno,
acariciando a su perro viringo, en medio de la nostalgia del tiempo.
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La sabiduría se preocupa de ser lenta en sus discursos y diligente en sus acciones.