Zhuangzi

El perro no sabe que está en el establo. El cerdo no sabe que está en el corral. Por lo tanto, aquellos que no saben que son esclavos, son realmente libres. Zhuangzi
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sábado, 20 de julio de 2019

"El encuentro con uno mismo...Carl G. Jung

"El encuentro con uno mismo, al principio, es el encuentro con la propia sombra. La sombra es un pasaje, una puerta estrecha y no hay forma de bajar al pozo profundo sin sufrir el dolor del angostamiento que implica cruzarla. Pero hay que aprender a conocerse a uno mismo para saber quién se es. Porque, por sorpresa, lo que se encuentra detrás de la puerta es una vasta extensión de incertidumbres sin precedentes, sin derecho ni revés, sin parte superior ni inferior, sin ubicación ni pertenencia, ni bien ni mal. Es el mundo del agua…, donde soy indivisiblemente esto y aquello al mismo tiempo, donde experimento al otro dentro de mí mismo y el otro fuera de mí me experimenta a mí."
 
(...) "Nuestro trabajo con la sombra consiste en desenmascararla, concientizarla y reconocerla como propia, saber que todos contenemos dos polaridades que nos enfrentan con la vida, integrar esas polaridades y reconocer ese Opuesto Invisible, es la tarea para luego poder recorrer el largo camino de la Individuación".
 
Carl G. Jung
(Collected Works vol. 9,1, pág. 22).

 

martes, 26 de febrero de 2019

CURSO DE LOS RECUERDOS DE JORGE LUIS BORGES


 CURSO DE LOS RECUERDOS DE JORGE LUIS BORGES


 CURSO DE LOS RECUERDOS DE JORGE LUIS BORGES  


Recuerdo mío del jardín de casa:
vida benigna de las plantas,
vida cortés de misteriosa
y lisonjeada por los hombres.
 

Palmera la más alta de aquel cielo
y conventillo de gorriones;
parra firmamental de uva negra,
los días del verano dormían a tu sombra.
 

Molino colorado:
remota rueda laboriosa en el viento,
honor de nuestra casa, porque a las otras
iba el río bajo la campanita del aguatero.
 

Sótano circular de la base
que hacías vertiginoso el jardín,
daba miedo entrever por una hendija
tu calabozo de agua sutil.
 

Jardín, frente a la verja cumplieron
sus caminos los sufridos carreros
y el charro carnaval aturdió
con insolentes murgas.  
 

 El almacén, padrino del malevo,
dominaba la esquina;
pero tenía cañaverales para hacer lanzas
y gorriones para la oración.

El sueño de tus árboles y el mío
todavía en la noche se confunden
y la devastación de la urraca
dejó un antiguo miedo en mi sangre.
 

Tus contadas varas de fondo
se nos volvieron geografía;
un alto era «la montaña de tierra»
y una temeridad su declive.

Jardín, yo cortaré mi oración
para seguir siempre acordándome:
voluntad o azar de dar sombra
fueron tus árboles. 


Jorge Luis Borges



Citas célebres de Jorge Luis Borges

  • Planta tus propios jardines y decora tu propia alma, en lugar de esperar a que alguien te traiga flores.
  • Vi todos los espejos en la tierra y ninguno de ellos me reflejó.
  • No hables a menos que puedas mejorar el silencio.
  • Lo que realmente valoras es lo que extrañas, no lo que tienes.
  • En mi próxima vida intentaré cometer más errores.
  • ¿Qué hombre de nosotros nunca ha sentido, caminando por el crepúsculo o escribiendo una fecha de su pasado, que ha perdido algo infinito?
  • De mi debilidad, obtuve una fuerza que nunca me abandonó.
  • No estoy seguro de nada, no sé nada… ¿Puedes imaginar que ni siquiera sé la fecha de mi propia muerte?
  • La palabra felicidad existe en todos los idiomas; es plausible que la cosa en sí exista.
  • La duda es uno de los nombres de la inteligencia.
  • Somos nuestra memoria, somos ese museo quimérico de formas cambiantes, ese montón de espejos rotos.
  • Nada está construido en piedra; Todo está construido sobre arena, pero debemos construir como si la arena fuera de piedra.
  • El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho. El tiempo es un río que me lleva, pero yo soy el río; es un tigre que me devora, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego.
  • La mente estaba soñando. El mundo fue su sueño.
  • Todo lo que nos sucede, incluso nuestras humillaciones, nuestras desgracias, nuestras vergüenzas, todo nos es dado como materia prima, como barro, para que podamos dar forma a nuestro arte.
  • Cualquier vida, por larga y complicada que sea, en realidad consiste en un solo momento: el momento en que un hombre sabe para siempre quién es.
  • Enamorarse es crear una religión que tiene un dios falible.
  • Ser inmortal es algo común; excepto el hombre, todas las criaturas son inmortales, porque ignoran la muerte; lo que es divino, terrible, incomprensible, es saber que uno es inmortal.
  • No estoy seguro de existir, en realidad. Soy todos los escritores que he leído, todas las personas que he conocido, todas las mujeres que he amado; todas las ciudades que he visitado…
  • El mar es una expresión idiomática que no puedo descifrar.
  • La verdad nunca penetra en una mente no dispuesta.
  • La realidad puede evitar la obligación de ser interesante, pero… las hipótesis pueden no serlo.
  • El tiempo no se puede medir en días, la forma en que se mide el dinero en pesos y centavos, porque todos los pesos son iguales, mientras que cada día, tal vez cada hora, es diferente.
  • No puedo dormir a menos que esté rodeado de libros.
  • He cometido el peor de los pecados que uno puede cometer… No he sido feliz.
  • Puedo darte mi soledad, mi oscuridad, el hambre de mi corazón, estoy tratando de sobornarte con incertidumbre, con peligro, con derrota.
  • Los poetas, como los ciegos, pueden ver en la oscuridad.
  • ¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería lo que amenace a uno con la inmortalidad.
  • Un sistema no es más que la subordinación de todos los aspectos del universo a cualquiera de estos aspectos.
  • Cualquier vida se compone de un solo momento, el momento en que un hombre descubre, de una vez por todas, quién es él.
  • Pensé que un hombre puede ser un enemigo de otros hombres, de los momentos de otros hombres, pero no de un país: no de luciérnagas, palabras, jardines, chorros de agua, puestas de sol…
  • Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón.
  • En general, cada país tiene el lenguaje que se merece.
  • El peor laberinto no es esa forma intrincada que puede atraparnos para siempre, sino una línea recta única y precisa.
  • Nadie es un poeta de ocho a doce y de dos a seis. Quien es poeta es uno siempre, y continuamente atacado por la poesía.
  • Un laberinto de símbolos… Un laberinto de tiempo invisible.
  • La censura es la madre de la metáfora.
  • Aceptamos la realidad tan fácilmente, tal vez porque sentimos que nada es real.
  • Cuando los escritores mueren se convierten en libros, que, después de todo, no es una encarnación tan mala.
  • El cielo y el infierno me parecen desproporcionados: las acciones de los hombres no merecen tanto.
  • Tú que me lees, ¿estás seguro de entender mi idioma?
  • Más allá de mi ansiedad, más allá de esta escritura,
  • El universo espera, inagotable, invitador.
  • Somos tan ignorantes del significado del dragón como lo somos del significado del universo.
  • Deje que otros se enorgullezcan de cuántas páginas han escrito; Prefiero jactarme de los que he leído.
  • La memoria del hombre forma su propio Edén interior.
  • Mi empresa no es difícil, esencialmente. Solo debería ser inmortal para llevarla a cabo.
  • Hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros.
  • La realidad no siempre es probable o posible.

  • Que el Cielo exista, incluso si mi lugar es el Infierno.
  • La soledad no me preocupa; la vida es bastante difícil, aguantarte a ti mismo y con tus propios hábitos.
  • A veces sospeché que lo único que no oculta ningún misterio es la felicidad, porque es su propia justificación.
  • Si el espacio es infinito, podemos estar en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito, podemos estar en cualquier punto en el tiempo.
  • El hecho es que la poesía no son los libros de la biblioteca… La poesía es el encuentro del lector con el libro, el descubrimiento del libro.
  • Su vida, medida en el espacio y el tiempo, ocupará unas pocas líneas, que mi ignorancia abreviará aún más.
  • El tiempo, que despoja a los castillos, enriquece los versos.
  • La poesía surge de algo más profundo; está más allá de la inteligencia.
  • Olvidamos que todos somos hombres muertos que estamos conversando con hombres muertos.
  • Preveo que el hombre se resignará cada día a nuevas abominaciones, y pronto solo quedarán bandidos y soldados.
  • No hay nada en el mundo que no sea misterioso, pero el misterio es más evidente en ciertas cosas que en otras: en el mar, en los ojos de los mayores, en el color amarillo y en la música.
  • Estar contigo y no estar contigo es la única forma que tengo de medir el tiempo.
  • Solo en el presente suceden las cosas.
  • Pienso que leer un libro no es menos una experiencia que viajar o enamorarme.
  • Hay una hora de la tarde en que la llanura está a punto de decir algo. Nunca dice, o tal vez lo dice infinitamente, o quizás no lo entendemos, o lo entendemos y es intraducible como música.
  • Cuando alcanzas mi edad, te das cuenta de que no podrías haber hecho las cosas mucho mejor o mucho peor de lo que las hiciste en primer lugar.
  • No hay ejercicio del intelecto que no sea, en el análisis final, inútil. Una doctrina filosófica comienza como una descripción plausible del universo; con el paso de los años se convierte en un mero capítulo, sino un párrafo o un nombre en la historia de la filosofía.
  • Siempre he imaginado que el Paraíso será una especie de biblioteca.
  • Para mí, la belleza es una sensación física, algo que sentimos con todo nuestro cuerpo. No es el resultado del juicio. No llegamos a eso por medio de reglas. O sentimos la belleza o no.
  • Felices son los amados y los amantes y aquellos que pueden vivir sin amor.
  • Hay quienes buscan el amor de una mujer para olvidarla, para no pensar en ella.
  • El tiempo es la sustancia de la cual estamos hechos.
  • No hay necesidad de construir un laberinto cuando todo el universo es uno.
  • Ser un agnóstico significa que todas las cosas son posibles, incluso Dios, incluso la Santísima Trinidad. Este mundo es tan extraño que cualquier cosa puede suceder o puede no suceder. Ser un agnóstico me hace vivir en un mundo más grande, más fantástico, casi misterioso. Me hace más tolerante.
  • Las cosas que se dicen en la literatura son siempre las mismas. Lo importante es la forma en que se dicen.
  • El fútbol es popular porque la estupidez es popular.
  • Escribir no es más que un sueño guiado.
  • Te has despertado no desde el sueño, sino a un sueño anterior, y ese sueño se encuentra dentro de otro, y así sucesivamente, hasta el infinito, que es el número de granos de arena. El camino que debes tomar es interminable, y morirás antes de que realmente hayas despertado.
  • La democracia es un abuso de las estadísticas.
  • No tengo forma de saber si los eventos que estoy a punto de narrar son efectos o causas.
  • El tango es una expresión directa de algo que los poetas a menudo han tratado de expresar con palabras: la creencia de que una pelea puede ser una celebración.
  • Quien emprenda alguna empresa atroz debería actuar como si ya se hubiera logrado imponer a sí mismo un futuro tan irrevocable como el pasado.
  • El hecho central de mi vida ha sido la existencia de palabras y la posibilidad de tejer esas palabras en poesía.
  • Las traducciones son una documentación parcial y preciosa de los cambios que sufre el texto.
  • El futuro no tiene otra realidad que la esperanza presente, y el pasado no es más que memoria presente.
  • El futuro es inevitable y preciso, pero puede no ocurrir. Dios acecha en los huecos.
  • Cuando me levanto, me despierto a algo peor. Es el asombro de ser yo mismo.
  • Cada novela es un plano ideal insertado en el reino de la realidad.
  • Puedes ganar el deseo de tu corazón, pero al final eres engañado por la muerte.
  • No puedo caminar por los suburbios en la soledad de la noche sin pensar que la noche nos agrada porque suprime los detalles ociosos, tal como lo hace nuestra memoria.
  • Personalmente, soy un lector hedonista; Nunca he leído un libro simplemente porque era antiguo. Leo libros por las emociones estéticas que me ofrecen e ignoro los comentarios y las críticas.
  • Camino despacio, como alguien que viene de tan lejos que no espera llegar.
  • Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan la servidumbre, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez.
  • Pensó que la rosa se encontraría en su propia eternidad y no en sus palabras; y que podemos mencionar o aludir a algo, pero no expresarlo.
  • Creo que con el tiempo habremos llegado al punto en que mereceremos ser libres del gobierno.
  • Lo que un escritor quiere hacer no es lo que hace.
  • El original es infiel a la traducción.
  • El diccionario se basa en la hipótesis, obviamente no probada, de que los idiomas están formados por sinónimos equivalentes.
  • Lo de las Malvinas fue una pelea entre dos hombres calvos por un peine.
  • Si me pidieran que nombrara el evento principal en mi vida, debería decir la biblioteca de mi padre.
  • No escribo para una minoría selecta, lo que no significa nada para mí, ni para esa entidad platónica adulta conocida como ‘Las masas’. En ambas abstracciones, tan queridas por el demagogo, no creo. Escribo para mí y para mis amigos, y escribo para facilitar el paso del tiempo.
  • La vida misma es una cita.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Carl G. Jung (Collected Works vol. 9,1, pág. 22). .

(...) "El encuentro con uno mismo, al principio, es el encuentro con la propia sombra. La sombra es un pasaje, una puerta estrecha y no hay forma de bajar al pozo profundo sin sufrir el dolor del angostamiento que implica cruzarla. Pero hay que aprender a conocerse a uno mismo para saber quién se es. Porque, por sorpresa, lo que se encuentra detrás de la puerta es una vasta extensión de incertidumbres sin precedentes, sin derecho ni revés, sin parte superior ni inferior, sin ubicación ni pertenencia, ni bien ni mal. Es el mundo del agua…, donde soy indivisiblemente esto y aquello al mismo tiempo, donde experimento al otro dentro de mí mismo y el otro fuera de mí me experimenta a mí."
 
(...) "Nuestro trabajo con la sombra consiste en desenmascararla, concientizarla y reconocerla como propia, saber que todos contenemos dos polaridades que nos enfrentan con la vida, integrar esas polaridades y reconocer ese Opuesto Invisible, es la tarea para luego poder recorrer el largo camino de la Individuación".
 
 Carl G. Jung
.

 

 Carl G. Jung 

miércoles, 23 de marzo de 2016

ESTACA DE OLVIDO POR FANNY JEM WONG

ESTACA DE OLVIDO POR FANNY JEM WONG


Estaca De Olvido


Los fuegos se apagan bajo oscuras  y gruesas cenizas
Desnudos  los deseos consumierónse  entre laberintos
Los  pies patearon  las piedras de la húmeda y  fría acera
Nadie supo la verdad de tan efímera y fantasmal historia.

Revelarónse las sombras, estallando  saladas
Clavando  sin piedad, con saña desmedida, estaca de olvido
Cantos agónicos de amor fueron pronunciados
Mientras el efectivo veneno invadía la roja linfa.

Una sola voz se quebró ahogada por el llanto
Una sola piel fue bordada pacientemente con llagas
Un solo corazón deshecho en un río de azufre
Una sola mano cercenada, no debía plasmar su verdad .

Los huesos crujieron  quebrándose de pena
Los sueños convirtiéronse en  oscuros tormentos
Arañando  la tierra busco cavar su propia tumba
Un raído manto púrpura cubrio finalmente sus cabellos.

El viejo y paciente cuervo grazno feliz ante la escena
Quien fuera su gran amor volteo, ni siquiera miro la tumba

FANNY JEM WONG
04.07.2006

Bajo la fria loza todavía llora su corazón
(Jemwong)

viernes, 4 de marzo de 2016

QUEREMOS TANTO A GLENDA POR JULIO CORTAZAR



QUEREMOS TANTO A GLENDA POR JULIO CORTAZAR


QUEREMOS TANTO A GLENDA
(cuento de Julio Cortázar)

En aquel entonces era difícil saberlo. Uno va al cine o al teatro y vive su noche sin pensar en los que ya han cumplido la misma ceremonia, eligiendo el lugar y la hora, vistiéndose y telefoneando y fila once o cinco, la sombra y la música, la tierra de nadie y de todos allí donde todos son nadie, el hombre o la mujer en su butaca, acaso una palabra para excusarse por llegar tarde, un comentario a media voz que alguien recoge o ignora, casi siempre el silencio, las miradas vertiéndose en la escena o la pantalla, huyendo de lo contiguo, de lo de este lado. Realmente era difícil saber, por encima de la publicidad, de las colas interminables, de los carteles y las críticas, que éramos tantos los que queríamos a Glenda.

Llevó tres o cuatro años y sería aventurado afirmar que el núcleo se formó a partir de Irazusta o de Diana Rivero, ellos mismos ignoraban cómo en algún momento, en las copas con los amigos después del cine, se dijeron o se callaron cosas que bruscamente habrían de crear la alianza, lo que después todos llamamos el núcleo y los más jóvenes el club. De club no tenía nada, simplemente queríamos a Glenda Garson y eso bastaba para recortarnos de los que solamente la admiraban. Al igual que ellos también nosotros admirábamos a Glenda y además a Anouk, a Marilina, a Annie, a Silvana y por qué no a Marcello, a Yves, a Vittorio y a Dirk, pero solamente nosotros queríamos tanto a Glenda, y el núcleo se definió por eso y desde eso, era algo que sólo nosotros sabíamos y confiábamos a aquellos que a lo largo de las charlas habían ido mostrando poco a poco que también querían a Glenda.

A partir de Diana o Irazusta el núcleo se fue dilatando lentamente: el año de El fuego de la nieve debíamos ser apenas seis o siete, cuando estrenaron El uso de la elegancia el núcleo se amplió y sentimos que crecía casi insoportablemente y que estábamos amenazados de imitación snob o de sentimentalismo estacional. Los primeros, Irazusta y Diana y dos o tres más, decidimos cerrar filas, no admitir sin pruebas, sin el examen disimulado por los whiskys y los alardes de erudición (tan de Buenos Aires, tan de Londres y de México esos exámenes de medianoche). A la hora del estreno de Los frágiles retornos nos fue preciso admitir, melancólicamente triunfantes, que éramos muchos los que queríamos a Glenda. Los reencuentros en los cines, las miradas a la salida, ese aire como perdido de las mujeres y el dolido silencio de los hombres nos mostraban mejor que una insignia o un santo y seña. Mecánicas no investigables nos llevaron a un mismo café del centro, las mesas aisladas empezaron a acercarse, hubo la grácil costumbre de pedir el mismo cóctel para dejar de lado toda escaramuza inútil y mirarnos por fin en los ojos, allí donde todavía alentaba la última imagen de Glenda en la última escena de la última película.

Veinte, acaso treinta, nunca supimos cuántos llegamos a ser porque a veces Glenda duraba meses en una sala o estaba al mismo tiempo en dos o cuatro, y hubo además ese momento excepcional en que apareció en escena para representar a la joven asesina de Los delirantes y su éxito rompió los diques y creó entusiasmos momentáneos que jamás aceptamos. Ya para entonces nos conocíamos, muchos nos visitábamos para hablar de Glenda. Desde un principio Irazusta parecía ejercer un mandato tácito que nunca había reclamado, y Diana Rivero jugaba su lento ajedrez de confirmaciones y rechazos que nos aseguraba una autenticidad total sin riesgos de infiltrados o de tilingos. Lo que había empezado como asociación libre alcanzaba ahora una estructura de clan, y a las livianas interrogaciones del principio se sucedían las preguntas concretas, la secuencia del tropezón en El uso de la elegancia, la réplica final de El fuego de la nieve, la segunda escena erótica de Los frágiles retornos. Queríamos tanto a Glenda que no podíamos tolerar a los advenedizos, a las tumultuosas lesbianas, a los eruditos de la estética. Incluso (nunca sabremos cómo) se dio por sentado que iríamos al café los viernes cuando en el centro pasaran una película de Glenda, y que en los reestrenos en cines de barrio dejaríamos correr una semana antes de reunirnos, para darles a todos el tiempo necesario; como en un reglamento riguroso, las obligaciones se definían sin equívoco, no acatarlas hubiera sido provocar la sonrisa despectiva de Irazusta o esa mirada amablemente horrible con que Diana Rivero denunciaba la traición y el castigo. En ese entonces las reuniones eran solamente Glenda, su deslumbrante ubicuidad en cada uno de nosotros, y no sabíamos de discrepancias o reparos. Sólo poco a poco, al principio con un sentimiento de culpa, algunos se atrevieron a deslizar críticas parciales, el desconcierto o la decepción frente a una secuencia menos feliz, las caídas en lo convencional o lo previsible. Sabíamos que Glenda no era responsable de los desfallecimientos que enturbiaban por momentos la espléndida cristalería de El látigo o el final de Nunca se sabe por qué. Conocíamos otros trabajos de sus directores, el origen de las tramas y los guiones; con ellos éramos implacables porque empezábamos a sentir que nuestro cariño por Glenda iba más allá del mero territorio artístico y que sólo ella se salvaba de lo que imperfectamente hacían los demás. Diana fue la primera en hablar de misión, lo hizo con su manera tangencial de no afirmar lo que de veras contaba pata ella, y le vimos una alegría de whisky doble, de sonrisa saciada, cuando admitimos llanamente que era cierto, que no podíamos quedarnos solamente en eso, el cine y el café y quererla tanto a Glenda.

Tampoco entonces se dijeron palabras claras, no nos eran necesarias. Sólo contaba la felicidad de Glenda en cada uno de nosotros, y esa felicidad sólo podía venir de la perfección. De golpe los errores, las carencias se nos volvieron insoportables; no podíamos aceptar que Nunca se sabe por qué terminara así, o que El fuego de la nieve incluyera la infame secuencia de la partida de póker (en la que Glenda no actuaba pero que de alguna manera la manchaba como un vómito, ese gesto de Nancy Phillips y la llegada inadmisible del hijo arrepentido). Como casi siempre, a Irazusta le tocó definir por lo claro la misión que nos esperaba, y esa noche volvimos a nuestras casas como aplastados por la responsabilidad que acabábamos de reconocer y asumir, y a la vez entreviendo la felicidad de un futuro sin tacha, dé Glenda sin torpezas ni traiciones.

Instintivamente el núcleo cerró filas, la tarea no admitía una pluralidad borrosa. Irazusta habló del laboratorio cuando ya estaba instalado en una quinta de Recife de Lobos. Dividimos ecuánimemente las tareas entre los que deberían procurarse la totalidad de las copias de Los frágiles retornos, elegida por su relativamente escasa imperfección. A nadie se le hubiera ocurrido plantearse problemas de dinero, Irazusta había sido socio de Howard Hughes en el negocio de minas de estaño de Pichincha, un mecanismo extremadamente simple nos ponía en las manos el poder necesario, los jets y las alianzas y las coimas. Ni siquiera tuvimos una oficina, la computadora de Hagar Loss programó las tareas y las etapas. Dos meses después de la frase de Diana Rivero el laboratorio estuvo en condiciones de sustituir en Los frágiles retornos la secuencia ineficaz de los pájaros por otra que devolvía a Glenda el ritmo perfecto y el exacto sentido de su acción dramática. La película tenía ya algunos años y su reposición en los circuitos internacionales no provocó la menor sorpresa: la memoria juega con sus depositarios y les hace aceptar sus propias permutaciones y variantes, quizá la misma Glenda no hubiera percibido el cambio y sí, porque eso lo percibimos todos, la maravilla de una perfecta coincidencia con un recuerdo lavado de escorias, exactamente idéntico al deseo.

La misión se cumplía sin sosiego, apenas asegurada la eficacia del laboratorio completamos el rescate de El fuego de la nieve y El prisma; las otras películas entraron en proceso con el ritmo exactamente previsto por el personal de Hagar Loss y del laboratorio. Tuvimos problemas con El uso de la elegancia, porque gente de los emiratos petroleros guardaba copias para su goce personal y fueron necesarias maniobras y concursos excepcionales para robarlas (no tenemos por qué usar otra palabra) y sustituirlas sin que los usuarios lo advirtieran. El laboratorio trabajaba en un nivel de perfección que en un comienzo nos había parecido inalcanzable aunque no nos atreviéramos a decírselo a Irazusta; curiosamente la más dubitativa había sido Diana, pero cuando Irazusta nos mostró Nunca se sabe por qué y vimos el verdadero final, vimos a Glenda que en lugar de volver a la casa de Romano enfilaba su auto hacia el farallón y nos destrozaba con su espléndida, necesaria caída en el torrente, supimos que la perfección podía ser de este mundo y que ahora era de Glenda para siempre, de Glenda para nosotros para siempre.


Lo más difícil estaba desde luego en decidir los cambios, los cortes, las modificaciones de montaje y de ritmo; nuestras distintas maneras de sentir a Glenda provocaban duros enfrentamientos que sólo se aplacaban después de largos análisis y en algunos casos por imposición de una mayoría en el núcleo. Pero aunque algunos, derrotados, asistiéramos a la nueva versión con la amargura de que no se adecuara del todo a nuestros sueños, creo que a nadie le decepcionó el trabajo realizado; queríamos tanto a Glenda que los resultados eran siempre justificables, muchas veces más allá de lo previsto. Incluso hubo pocas alarmas: la carta de un lector del infaltable Times asombrándose de que tres secuencias de El fuego de la nieve se dieran en un orden que creía recordar diferente, y también un artículo del crítico de La Opinión que protestaba por un supuesto corte en El prisma, imaginándose razones de mojigatería burocrática. En todos los casos se tomaron rápidas disposiciones para evitar posibles secuelas; no costó mucho, la gente es frívola y olvida o acepta o está a la caza de lo nuevo, el mundo del cine es fugitivo como la actualidad histórica, salvo para los que queremos tanto a Glenda.

Más peligrosas en el fondo eran las polémicas en el núcleo, el riesgo de un cisma o de una diáspora. Aunque nos sentíamos más que nunca unidos por la misión, hubo alguna noche en que se alzaron voces analíticas contagiadas de filosofía política, que en pleno trabajo se planteaban problemas morales, se preguntaban si no estaríamos entregándonos a una galería de espejos onanistas, a esculpir insensatamente una locura barroca en un colmillo de marfil o en un grano de arroz. No era fácil darles la espalda porque el núcleo sólo había podido cumplir la obra como un corazón o un avión cumplen la suya, ritmando una coherencia perfecta. No era fácil escuchar una crítica que nos acusaba de escapismo, que sospechaba un derroche de fuerzas desviadas de una realidad más apremiante, más necesitada de concurso en los tiempos que vivíamos. Y sin embargo no fue necesario aplastar secamente una herejía apenas esbozada, incluso sus protagonistas se limitaban a un reparo parcial, ellos y nosotros queríamos tanto a Glenda que por encima y más allá de las discrepancias éticas o históricas imperaba el sentimiento que siempre nos uniría, la certidumbre de que el perfeccionamiento de Glenda nos perfeccionaba y perfeccionaba el mundo. Tuvimos incluso la espléndida recompensa de que uno de los filósofos restableciera el equilibrio después de superar ese periodo de escrúpulos inanes; de su boca escuchamos que toda obra parcial es también historia, que algo tan inmenso como la invención de la imprenta había nacido del más individual y parcelado de los deseos, el de repetir y perpetuar un nombre de mujer.

Llegamos así al día en que tuvimos las pruebas de que la imagen de Glenda se proyectaba ahora sin la más leve flaqueza; las pantallas del mundo la vertían tal como ella misma -estábamos seguros- hubiera querido ser vertida, y quizá por eso no nos asombró demasiado enterarnos por la prensa de que acababa de anunciar su retiro del cine y del teatro. La involuntaria, maravillosa contribución de Glenda a nuestra obra no podía ser coincidencia ni milagro, simplemente algo en ella había acatado sin saberlo nuestro anónimo cariño, del fondo de su ser venía la única respuesta que podía darnos, el acto de amor que nos abarcaba en una entrega última, ésa que los profanos sólo entenderían como ausencia. Vivimos la felicidad del séptimo día, del descanso después de la creación; ahora podíamos ver cada obra de Glenda sin la agazapada amenaza de un mañana nuevamente plagado de errores y torpezas; ahora nos reuníamos con una liviandad de ángeles o de pájaros, en un presente absoluto que acaso se parecía a la eternidad.

Sí, pero un poeta había dicho bajo los mismos cielos de Glenda que la eternidad está enamorada de las obras del tiempo, y le tocó a Diana saberlo y darnos a noticia un año más tarde. Usual y humano: Glenda anunciaba su retorno a la pantalla, las razones de siempre, la frustración del profesional con las manos vacías, un personaje a la medida, un rodaje inminente. Nadie olvidaría esa noche en el café, justamente después de haber visto El uso de la elegancia que volvía a las salas del centro. Casi no fue necesario que Irazusta dijera lo que todos vivíamos como una amarga saliva de injusticia y rebeldía. Queríamos tanto a Glenda que nuestro desánimo no la alcanzaba; qué culpa tenía ella de ser actriz y de ser Glenda; el horror estaba en la máquina rota, en la realidad de cifras y prestigios y Oscars entrando como una fisura solapada en la esfera de nuestro cielo tan duramente ganado. Cuando Diana apoyó la mano en el brazo de Irazusta y dijo: "Sí, es lo único que queda por hacer", hablaba por todos sin necesidad de consultamos. Nunca el núcleo tuvo una fuerza tan terrible, nunca necesitó menos palabras para ponerla en marcha. Nos separamos deshechos, viviendo ya lo que habría de ocurrir en una fecha que sólo uno de nosotros conocería por adelantado. Estábamos seguros de no volver a encontrarnos en el café, de que cada uno escondería desde ahora la solitaria perfección de nuestro reino. Sabíamos que Irazusta iba a hacer lo necesario, nada más simple para alguien como él. Ni siquiera nos despedimos como de costumbre, con la liviana seguridad de volver a encontrarnos después del cine, alguna noche de Los frágiles retornos o de El látigo. Fue más bien un darse la espalda, pretextar que era tarde, que había que irse; salimos separados, cada uno llevándose su deseo de olvidar hasta que todo estuviera consumado, y sabiendo que no sería así, que aún nos faltaría abrir alguna mañana el diario y leer la noticia, las estúpidas frases de la consternación profesional. Nunca hablaríamos de eso con nadie, nos evitaríamos cortésmente en las salas y en la calle; sería la única manera de que el núcleo conservara su fidelidad, que guardara en el silencio la obra cumplida. Queríamos tanto a Glenda que le ofreceríamos una última perfección inviolable. En la altura intangible donde la habíamos exaltado, la preservaríamos de la caída, sus fieles podrían seguir adorándola sin mengua; no se baja vivo de una cruz.


De Queremos tanto a Glenda
*JULIO CORTÁZAR
Cuentos completos 2, Buenos Aires, Alfaguara, 1996

jueves, 22 de octubre de 2015

FÁBULA DE MAESE CUERVO POR ARTURO CORCUERA


 

FÁBULA DE MAESE CUERVO  POR ARTURO CORCUERA

FÁBULA DE MAESE CUERVO  
POR ARTURO CORCUERA

Sombra de plumas
que empolló la noche.

La noticia funesta,
las defunciones,
de maese cuervo
son lectura diaria.

"¡Ah –exclama-,
si tuviese
agencia funeraria!"


Sombra de plumas
que empolló la noche.

La noticia funesta,
las defunciones,
de maese cuervo
son lectura diaria.

"¡Ah –exclama-,
si tuviese
agencia funeraria!"

 

ENTRADAS DESTACADAS

SELECCIÓN DE POESÍA CHINA

BALADA DE CHANG’AN POR LI BAI BALADA DE CHANG’AN Cuando mis cabellos comenzaron a cubrir mi frente Delante de la puerta me divertía recogien...

HAIKU DE FANNY JEM WONG

HAIKU DE FANNY JEM WONG
en el estanque / las aguas se elevan / besos y rezos

HAIKU

HAIKU
HAIKU Perfecto amor - corazón de los bosques -cantan las aves. -Fanny Jem Wong

HAIKU DE FANNY JEM WONG

HAIKU DE FANNY JEM WONG
piel amarilla / viajas sin rumbo fijo /seis estaciones

HAIKU

HAIKU
HAIKU La mariposa - Princesa de las nubes - escribe versos. -Fanny Jem Wong

CONFUCIO

La sabiduría se preocupa de ser lenta en sus discursos y diligente en sus acciones.

HAIKU DE FANNY JEM WONG

HAIKU DE FANNY JEM WONG
ojitos negros / carita de min pao / infinita luz /

RECORDATORIO

RECORDATORIO
“Confía, mas sé prudente. No te apresures en entregar tu fe y confianza a quienes no lo valoran. Recuerda que el común de las gentes está acostumbrado a los reveces.” FANNY JEM WONG

Un recordatorio valioso:

Un recordatorio valioso:
"Distráete del dolor, de la indiferencia, de la traición, no permitas que te transformen en lo que no eres." Fanny Jem Wong

«𝗛𝗼𝗷𝗮𝘀 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗿𝗮Í𝗰𝗲𝘀» A𝗻𝘁𝗼𝗹𝗼𝗴Í𝗮 𝗹𝗶𝘁𝗲𝗿𝗮𝗿𝗶𝗮

«𝗛𝗼𝗷𝗮𝘀 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗿𝗮Í𝗰𝗲𝘀» A𝗻𝘁𝗼𝗹𝗼𝗴Í𝗮 𝗹𝗶𝘁𝗲𝗿𝗮𝗿𝗶𝗮
«𝗛𝗼𝗷𝗮𝘀 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗿𝗮í𝗰𝗲𝘀» A𝗻𝘁𝗼𝗹𝗼𝗴í𝗮 𝗹𝗶𝘁𝗲𝗿𝗮𝗿𝗶𝗮 𝗱𝗲 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗿𝗲𝘀 𝘁𝘂𝘀𝗮𝗻𝗲𝘀 𝗽𝗲𝗿𝘂𝗮𝗻𝗼𝘀, compilada por el Dr. Ignacio López-Calvo y Rodrigo P. Campos a , publicado por Palabra de Clío , historiadores mexicanos. 2022. 316 págs. ISBN: 978-612-48686-0-3. Poemas de Fanny Jem Wong, pág. 228-243.